.ElvirÁvila.
Unos por abajistas (¡probre nací y pobre moriré!) y otros por inalcanzables (¡nosotros somos el "verdadero" cambio!) pero ni los de acá se ponen de acuerdo con los de allá siendo el eterno supuesto el mismo; defender, luchar y lograr la misma causa: el bienestar común.
Hay Revolucionarios para la prensa, para el foco de las cámaras (más allá de los que dan el rostro como figura representativa del movimiento o del colectivo), glamour 24x24, por otra parte hay Revolucionarios que no necesariamente abarrotan las calles con gritos y consignas (actos que no son erróneos pero que en casos extremos los primeros [Revolucionarios glam] legitiman como la única vía), más bien actúan desde un espacio, tiempo y esfuerzo inmediato. Su cotidianidad. Estos últimos [Revolucionarios excluídos por los glam] ven las puertas de la lucha cerradas frente a sus narices, ¿y todo por qué?, las causas son (o pueden ser): No portar la misma "ropa combativa", no escuchar la misma "música combativa", no comer la misma "comida combativa", no adorar a los mismos "dioses combativos", no leer la misma "literatura combativa", no utilizar los mismos "medios combativos"... y asi hasta la combativa náusea. (¿Quién pensaría que la Revolución es un acto que excluye a los ajenos (aquellos contra los que se lucha) y a los propios (aquellos que luchan contra los mismos villanos pero por medios distintos)?) De esta forma se generan sectas de poder, parcelas del enojo, entre los que están a favor y entre los que están en contra del verdadero cambio social, caso interesante es que parece que la inactividad (conformismo) de los que están en contra es más organizada que los que sí se mantienen activos pues la privatización de los actos revolucionarios logra dogmatismos absurdos manteniendo a los iguales alejados (dialéctica pura). La pregunta a todo esto puede versar de la siguiente manera, ¿cómo lograr un verdadero cambio social si las fuerzas generadoras se mantienen distanciadas en discursos ensimismados?
Si al rayar la noche todos (los comprometidos con el verdadero cambio social) buscamos un fin similar (el bienestar social) ¿qué es lo que nos mantiene batallando en trincheras distintas, sufriendo los mismo males, pugnando por las mismas causas? Múltiples preguntas con múltiples respuestas.
A la distancia luchamos y batallamos contra los malvados del cuento y contra los amigos de la historia en común; Las Divas del Poder.
Tal es el alcance de Las Divas del Poder que establecen procedimientos y reglas para generar la Revolución. Lugares preferenciales, lenguajes preferenciales, vestimentas preferenciales, gritos de lucha preferenciales, colores preferenciales. Preferencia a ideas internas que excluyen cualquier indicio o intento de crítica o autocrítica. El discurso se vuelve autoreferencial, una infinita vuelta de palabras que vertidas en conmovedores discursos parten de un mismo malestar para terminar en la misma solución realizada tantas veces como estrellas en el cielo nocturno.
¿Quién da el pase para la función revolucionaria de las 9?, ¿cuáles son los requisitos para ser Revolucionario?, ¿dónde acaba la apertura discursiva y comienza el dogmatismo ideológico?, ¿quién quemará la bandera de los tiranos afuera del viejo castillo?, ¿son en verdad actos revolucionarios los realizados por los Revolucionarios glam y por los Revolucionarios excluidos?, ¿acaso el comulgar con el mantenimiento de las cosas es un acto rebelde contra la emergente Revolución o es el conformismo en su máxima expresión?
Hasta que los discursos revolucionarios (sean cual sean en la latitud del mundo que sea) no sean sometidos a jucio crítico por sus integrantes e integrantes ajenos al grupo (con la invitación de los primeros, por muy irónico que suene) difícilmente se dinamizarán los actos y los actores comprometidos con los mismos.
La tarea es Revolucionar la Revolución (repensar y replantearse ideas y discursos en torno a) y Revolucionarse en el proceso.
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